- 2 Sam 7, 1-5. 8b-12. 14a. 16. El reino de David se mantendrá siempre firme ante el Señor. - Sal 88. R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor. - Rom 16, 25-27. El misterio mantenido en secreto durante siglos eternos ha sido manifestado ahora. - Lc 1, 26-38. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.
Es Dios quien toma la iniciativa, y a esto respondemos cantando con el Salmo su misericordia eterna. El nacimiento de Jesús es el fruto de un encuentro único de Dios con nuestra humanidad a tra- vés de María. A Jesús solo Dios nos lo podía dar. Y así Dios se hace hombre en la humanidad más pobre para intervenir como crea- dor, de modo que María pueda concebir un hijo sin haber conoci- do a ningún hombre. En María hay un vacío puro y generoso que Dios puede llenar con su presencia, de manera que la Palabra de Dios se pueda hacer carne. Por eso María es tan importante para nosotros, pues a ella podemos mirar y en ella nos podemos mirar.
- Is 61, 1-2a. 10-11. Desbordo de gozo en el Señor. - Salmo: Lc 1, 46-50. 53-54. R. Me alegro con mi Dios. - 1 Tes 5, 16-24. Que vuestro espíritu, alma y cuerpo se mantenga hasta la venida del Señor. - Jn 1, 6-8. 19-28. En medio de vosotros hay uno que no conocéis.
Escuchamos la voz de un profeta que anuncia la buena noticia
de la salvación. Y escuchamos también la voz de su pueblo que
entona una acción de gracias por este anuncio. Es un pueblo
pobre y necesitado, pero en medio de su pobreza sabe ver los
signos de la salvación de Dios, y por eso se alegra. Y nosotros
también lo hacemos con el Salmo responsorial. San Pablo nos da
la clave de esta alegría: oración y agradecimiento para saber discernir y así mantenernos alejados de todo mal. Juan el Bautista
es como el profeta Isaías de la primera lectura, pobre y humilde,
para anunciar la salvación que viene de Dios a través de Jesús.
- Is 40, 1-5. 9-11. Preparadle un camino al Señor.
- Sal 84. R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
- 2 Pe 3, 8-14. Esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva.
- Mc 1, 1-8. Enderezad los senderos del Señor.
El desierto de la primera lectura y del Evangelio no es un desierto
de arena. Es el desierto en el que se encuentra la gente, son los
desiertos interiores que provocaban una situación de desierto exterior. Era el desierto de la pérdida de la fe de tantos que se preguntaban dónde estaba el Dios que otras veces se había manifestado. Era el desierto de la idolatría, pues cuando se dejaba de
creer en Dios se comenzaba a poner la confianza en cualquier
cosa. En este desierto el profeta Isaías y Juan el Bautista abren un
camino de parte de Dios y anuncian el consuelo y la salvación.
La segunda lectura nos invita a vivir esta salvación que nos ha
llegado con Jesucristo, esta sabiduría celestial, trabajando por la
justicia y siendo intachables e irreprochables.
- Gen 3, 9-15. 20. Pongo hostilidad entre tu descendencia y la descendencia de la mujer.
- Sal 97. R. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
- Ef 1, 3-6. 11-12. Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo.
- Lc 1, 26-38. Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
La primera lectura narra el comienzo de un engaño: podemos
creer que somos dioses y que no necesitamos de Dios. Esto es
profecía de lo que sucedería en Jesús y en María. Ella, la nueva
Eva, con su pie desnudo pisa la antigua serpiente que engaña a la
humanidad y trata de que Jesús no sea dado a luz. Jesús, el hijo
de María, es la medida de nuestra humanidad, el que nos dice lo
que somos y hacia dónde vamos. María está libre de todo peca-
do desde el primer momento, y por eso prefiere la humillación
antes que dejarse engañar. Ella es la mujer que ansía y espera la
salvación de Dios para todo su pueblo, y la que sabe responder
con humildad y generosidad. En ella nos podemos mirar y a ella
podemos invocar en nuestra lucha contra el pecado.
Primer domingo del Adviento de nuestro Señor Jesucristo; en este tiempo se recuerda la primera venida del Hijo de Dios a los hombres y se espera, a la vez, su segunda venida al final de los tiempos (elog. del Martirologio Romano).
- Is 63, 16c-17. 19c; 64, 2b-7. ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!
- Sal 79. R. Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
- 1 Cor 1, 3-9. Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
- Mc 13, 33-37. Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa.
¡El Señor viene! En realidad, desde la vivencia de la fe y de la confianza en Él, bien podemos afirmar que el Señor está siempre viniendo, está en medio de nosotros, caminando a nuestro lado por las sendas de la historia que nos toca transitar, y en estos tiempos tan complicadas y azarosas.
El Adviento nos ayuda a caer en la cuenta de esta verdad. Y nos predispone para intensificar nuestros encuentros personales con el Señor Jesucristo en la oración más intensa y en la más atenta escucha de su Palabra y de su paso entre nosotros. Siempre nos acecha el peligro de la distracción, sea por las razonables preocupaciones de la vida, sea por los reclamos seductores del consumo, sea por circunstancias personales de difícil manejo… Este tiempo particularmente santo, ante sala de la gran celebración de la Natividad del Señor, es una fuerte llamada a estar alerta. Porque el Señor viene, quiere venir a mi vida, a ofrecerme un plan, a encender mi esperanza, a despertar todas mis capacidades para el bien y el amor.
Él viene a sacarme de la plácida rutina, de la inconsciencia del compromiso débil, del melancólico paso del tiempo que me hace ser espectador indiferente de las grandes luchas y sueños de la humanidad.
Él viene sobre todo a recordarme la más importante de las citas: el encuentro definitivo con Él, ese que fijará mi destino eterno a su lado, y que ahora me exige vivir en vela y sin distracciones estériles, construyendo con su fuerza, y por su mismo Espíritu, ese futuro que desembocará en la Vida-sin-fin.
INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA
PATRONA DE ESPAÑA, SOLEMNIDAD
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, que, realmente llena de gracia y bendita entre las mujeres en previsión del Nacimiento y de la Muerte salvífica del Hijo de Dios, desde el mismo primer instante de su Concepción fue preservada de toda culpa original, por singular privilegio de Dios. En este mismo día fue definida el año 1854 por el papa Pío IX como verdad dogmática recibida por antigua tradición (elog. del Martirologio Romano).
- Gén 3, 9-15. 20. Pongo hostilidad entre tu descendencia y la descendencia de la mujer.
- Sal 97. R. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. - Ef 1, 3-6. 11-12. Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo.
- Lc 1, 26-38. Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
La Eucaristía del JUEVES 08 DE DICIEMBRE, SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN, REY DEL UNIVERSO, es a las 12:30 h
Podéis participar PRESENCIALMENTE, o bien ONLINE por Facebook:
- Is 2, 1-5. El Señor congrega a todas las naciones en la paz eterna del Reino de Dios. - Sal 121. R. Vamos alegres a la casa del Señor. - Rom 13, 11-14a. La salvación está más cerca de nosotros.
- Mt 24, 37-44. Estad en vela para estar preparados.
La Eucaristía del SÁBADO 26 DE NOVIEMBRE, VÍSPERAS DEL I DOMINGO DE ADVIENTO, es a las 20:00 h
Podéis participar PRESENCIALMENTE, o bien ONLINE por Facebook:
En María, el Hijo de Dios se hizo hombre para que nosotros, por su Pasión y cruz podamos llegar a la gloria de la resurrección (cf. 1.a orac.). Y esto fue posible gracias a su fe, con la que aceptó obediente el anuncio del ángel: «Dichosa tú que has creído» (Ev.). Esa obediencia es la que tuvo el Hijo desde el momento de su encarnación: «Aquí estoy para hacer tu voluntad» (2 lect.). María, con el Hijo de Dios en su seno, es el arca de la Nueva Alianza que visita a Isabel. Y con ella nos dirigimos hacia Belén donde nacerá el jefe de Israel (cf. 1 lect.). El Espíritu Santo sigue haciendo presente a Cristo en la eucaristía (orac. sobre las ofrendas).
La alegría ante la proximidad de la Navidad es la característica de este tercer domingo de Adviento. Así ya en la ant. de entrada cantamos: «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito: alegraos. El Señor está cerca» (cf. también 2 lect.). Y en la oración colecta pedimos llegar a la Navidad y poder celebrarla con alegría des- bordante. Se trata de una alegría interior, de modo que cuando llegue el Señor nos encuentre velando en oración y cantando su alabanza (Pf.). En el Ev., Juan el Bautista nos llama a la conversión, practicando la caridad y la justicia, para así prepararnos para la llegada del que «nos bautizará con Espíritu Santo y con fuego». La comunión eucarística nos prepara para las fiestas que se acercan purificándonos de todo pecado.
En este día celebramos llenos de gozo la victoria del Señor sobre Satanás y el pecado (cf. sal. resp.). Una victoria que se manifestó, antes que en nadie, en María, la Madre de Jesús, preservada de todo pecado desde el primer instante de su ser natural. (cf. 1.a orac.). Así la preparó Dios para que fuera digna madre del Hijo hecho hombre (Pf.). En ella se cumple lo anunciado en el Génesis: «Esta te aplastará la cabeza, cuando tú la hieras en el talón» (1 lect.). En la Virgen Inmaculada se cumple plenamente el que nosotros hayamos sido elegidos en la persona de Cristo para que fuésemos santos e intachables en Él por el amor (cf. 2 lect.). Por todo ello, el ángel Gabriel la saludó como «la llena de gracia» (Ev.).
Recorremos el Adviento con una actitud de escucha.
¡Escuchad! Estamos en un tiempo propicio para la escucha.
Escuchamos al Señor que se manifiesta en la realidad, en el aquí y el ahora que vivimos.
Escuchar la realidad, las situaciones de las personas, sus problemas y la precariedad de sus vidas, el sufrimiento, la vulnerabilidad... Escuchar y acoger desde la profundidad implica acción, cuidado, compromiso, para responder a la voluntad de Dios.
Escuchamos la realidad para transformarla. La reconocemos y la acogemos dejando que la Palabra de Dios ilumine nuestro caminar.
Desde Manos Unidas invitamos a las comunidades cristianas a preparar, en este camino hacia la Navidad, la acogida al Señor que se encarna en nuestro mundo. Para ello, ofrecemos un espacio de reflexión – oración para cada domingo de Adviento.
Una de las figuras del Adviento, san Juan Bautista, precursor del Mesías, predica un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, cumpliendo la profecía de Isaías: «En el desierto preparad el camino del Señor, allanad sus senderos» (Ev.). El Adviento es, pues, un tiempo de conversión, durante el que nos preparamos interiormente para que cuando el Señor venga nos encuentre limpios e irreprochables (cf. 2 lect.). Es un tiempo de experimentar la misericordia de Dios, que nos hace volver a gozar de su esplen- dor, dejando atrás la oscuridad de nuestros pecados (cf. 1 lect.). Y así podremos cantar: «El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres» (sal. resp.). Vigilemos para que los afanes de este mundo no nos impidan nuestro encuentro con Cristo (1.a orac.).
¿Te pica la curiosidad? ¿Te inquieta no saber? ¿Te angustia no controlar?
Entonces, es algo más que la curiosidad, lo que te pica...
Pues si te pica… Acércate el Sábado 27 de noviembre a las 18:00h al RETIRO DE ADVIENTO en la Parroquia San Juan Pablo II (Mirador del Cerro Gordo de Badajoz).
Iniciamos un nuevo Año Litúrgico y, con él, un nuevo Adviento: tiempo de gracia y esperanza. Ésta es la invitación: vivir en actitud vigilante, despiertos y despiertas. Él, el Señor Jesús, quiere crecer dentro de nosotros y de nosotras, curar nuestras heridas, enderezar nuestros caminos y preparar su Reino. Merece la pena aprovechar y vivir este tiempo con intensidad.
Dios se hizo presente ya en la Navidad de su Hijo, pero sólo unas pocas personas le recibieron. Él viene a nuestro encuentro en su Palabra, en los sacramentos, en los acontecimientos que vivimos, en cada hombre y mujer. ¡Atentos! Permanezcamos despiertos y despiertas, sin dormirnos, no vaya a ser que no le reconozcamos cada vez que se nos acerca.