- Lev 13, 1-2. 44-46. El leproso vivirá solo y tendrá su morada fuera del
campamento.
- Sal 31. R. Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.
- 1 Cor 10, 31 — 11, 1. Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo.
- Mc 1, 40-45. La lepra se le quitó, y quedó limpio.
La lepra era considerada una fuente de impureza ritual, de ma-
nera que los leprosos no podían acercarse a nadie que estuviera
limpio, pues si un leproso tocaba a alguien, este quedaba impuro
y ya no podía acercarse al culto. Jesús no teme esta contaminación ni acepta este tipo de impureza, y por eso toca al leproso.
Lo que nos hace impuros es lo que brota de nosotros mismos,
nuestro pecado, pues nos hace hipócritas. Por eso san Pablo nos
pide dar buen ejemplo desde Cristo para mostrar la santidad de
Dios que hace salir el sol sobre todos. Nos refugiamos en Dios, y
le pedimos su gracia para ser rectos y sencillos de corazón.
COLECTA DE LA CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE EN EL MUNDO (dependiente de la CEE, obligatoria): Liturgia del día, monición
justificativa de la colecta y colecta.
JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO (pontificia y dependiente de
la CEE, obligatoria): Liturgia del día (aunque por utilidad pastoral, a
juicio del rector de la iglesia o del sacerdote celebrante, se puede
usar el formulario «Por los enfermos», cf. OGMR 376), alusión en
la mon. de entrada y en la hom., intención en la orac. univ.
- Job 7, 1-4. 6-7. Me harto de dar vueltas hasta el alba.
- Sal 146. R. Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.
- 1 Cor 9, 16-19. 22-23. Ay de mí si no anuncio el Evangelio.
- Mc 1, 29-39. Curó a muchos enfermos de diversos males.
Como Job, todos estamos necesitados de salvación, y respon- demos con el Salmo a Dios que sana nuestros corazones destrozados. Y le pedimos que proteja con amor continuo a su familia. San Pablo siente que su salvación está en dar a conocer el Evangelio de la salvación. Y en el Evangelio contemplamos a Jesús haciendo vida este Evangelio, cercano y familiar, curando, sanando y expulsando demonios. Suscitando la fe en él, pues vivir unidos a él desde nuestra humanidad necesitada nos hace fructificar con gozo para la salvación del mundo.
- Dt 18, 15-20. Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca.
- Sal 94. R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».
- 1 Cor 7, 32-35. La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, de ser santa.
- Mc 1, 21b-28. Les enseñaba con autoridad.
En Jesús se cumple la profecía que escuchamos en la primera lectura, pues Jesús manifiesta el poder de Dios a través de sus enseñanzas. Queremos escuchar hoy su voz y adorarle con toda nuestra alma. Su autoridad y su poder son la autoridad y el poder de Dios. El poder creador, pues el mundo es obra suya, y tam- bién el poder salvador y liberador, pues somos criaturas suyas y ningún poder opuesto a Dios debe separarnos de su miseri- cordia. Esto es lo que se manifiesta en Jesús cuando habla con autoridad, y con esa misma autoridad expulsa los demonios que nos someten y nos impiden amar a todos con afecto espiritual.
- 1 Sam 3, 3b-10. 19. Habla, Señor, que tu siervo escucha. - Sal 39. R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. - 1 Cor 6, 13c-15a. 17-20. ¡Vuestros cuerpos son miembros de Cristo!
- Jn 1, 35-42. Vieron dónde vivía y se quedaron con él.
La oración más simple, «Habla, Señor, que tu siervo escucha», es la que hará del pequeño Samuel un verdadero profeta. Y nosotros también decimos: «Aquí estoy», pues sabemos que Dios escucha compasivo nuestra oración. Somos siervos del Señor y de su amor también con nuestro cuerpo, pues con él oramos. San Juan guarda el recuerdo con precisión y lo cuenta con sencillez implicando a los lectores. Una mirada personal de Jesús, que genera confianza, un conocimiento único que refleja el amor de Jesús por sus discípulos, como el conocimiento lleno de amor que tiene Dios de cada uno de nosotros, que nos sondea y nos conoce.
JORNADA Y COLECTA DE LA INFANCIA MISIONERA (mundial y pontificia: OMP): Liturgia del día, alusión en la mon. de entrada y en la hom., intención en la orac. univ. y colecta.
Solemnidad de la Epifanía del Señor, en la que se recuerdan tres manifestaciones
del gran Dios y Señor nuestro Jesucristo: en Belén, Jesús niño, al ser adorado por
los magos; en el Jordán, bautizado por Juan, al ser ungido por el Espíritu Santo
y llamado Hijo por Dios Padre; y en Caná de Galilea, donde manifestó su gloria
transformando el agua en vino en unas bodas (elog. del Martirologio Romano).
- Is 60, 1-6. La gloria del Señor amanece sobre ti.
- Sal 71. R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.
- Ef 3, 2-3a. 5-6. Ahora ha sido revelado que los gentiles son coherederos
de la promesa.
- Mt 2, 1-12.Venimos a adorar al Rey.
Jerusalén debe brillar para recibir a todos sus hijos, que son todos
los pueblos de la tierra. Respondemos a esta palabra de luz universal con el Salmo que nos habla de un rey que vendrá. San Pablo
comunica la alegría que siente por haber sido él un medio para
que la gracia de Dios manifestada en Jesucristo llegara a todos los
pueblos y no solo a los judíos. El cuadro histórico y geográfico
que subraya el evangelista san Mateo nos sitúa en tiempos del
rey Herodes y en Belén de Judea. Los magos extranjeros siguen el
camino de Abrahán, y este camino que va más allá de la ciencia
los lleva al Mesías pobre como encarnación del verdadero Dios.
COLECTA DEL CATEQUISTA NATIVO (pontificia: Congregación para
la Evangelización de los Pueblos) y COLECTA DEL IEME (de la CEE,
optativa): Liturgia del día, mon. justificativa de la colecta y colecta.
DOMINGO. BAUTISMO DEL SEÑOR, fiesta
Fiesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo, en el que maravillosamente es
proclamado como Hijo amado de Dios, las aguas son santificadas, el hombre
es purificado y se alegra toda la tierra (elog. del Martirologio Romano).
- Is 42, 1-4. 6-7.Mirad a mi siervo, en quien me complazco.
- Sal 28. R.El Señor bendice a su pueblo con la paz.
- Hch 10, 34-38. Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
- Mc 1, 7-11. Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.
Lecturas alternativas para el presente año B:
- Is 55, 1-11. Acudid por agua; escuchadme y viviréis.
- Salmo: Is 12, 2-6. R. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
- 1 Jn 5, 1-9. El Espíritu, el agua y la sangre.
El profeta Isaías anunció la venida de un Mesías que implantaría
la justicia en toda la tierra, pero no con la fuerza, sino con la humildad y el servicio. Esta justicia y esta paz anunciada se cumplen
en Jesucristo, el Hijo amado y predilecto de Dios que sigue un
camino de humildad y entrega total. El primer acontecimiento de
la vida pública de Jesús que ilumina quién es él realmente es el
del bautismo en el río Jordán por Juan el Bautista. Es ahora cuando
va a manifestarse la luz que los magos de oriente habían encontrado en el portal de Belén. Jesús es el Hijo amado que mediante
el bautismo nos hace hijos de adopción a través del Espíritu Santo.
- Eclo 3, 2-6. 12-14. Quien teme al Señor honrará a sus padres.
- Sal 127. R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.
- Col 3, 12-21. La vida de familia en el Señor.
- Lc 2, 22-40. El niño iba creciendo, lleno de sabiduría.
Lecturas alternativas para el presente año B:
- Gen 15, 1-6; 21, 1-3. Uno salido de tus entrañas será tu heredero.
- Sal 104. R. El Señor es nuestro Dios, se acuerda de su alianza eternamente.
- Heb 11, 8. 11-12. 17-19. La fe de Abrahán, de Sara y de Isaac.
Honrar desde el amor a los padres es un mandamiento de Dios que
está escrito en nuestro corazón. Respondemos a esta lectura con el
Salmo que proclama la providencia divina manifestada en el don
de la familia. La segunda lectura nos habla de la vivencia del amor
de Dios en la comunidad cristiana y en la familia, pues el origen de
las primeras comunidades está en las casas familiares que se ensanchan acogiendo a otras familias. Amor y autoridad, las dos virtudes
domésticas de la fraternidad cristiana. En la escena del Evangelio
encontramos a Jesús viviendo bajo la autoridad de José y María.
JORNADA DE LA SAGRADA FAMILIA (pontificia y dependiente de
la CEE): Liturgia del día, alusión en la mon. de entrada y en la hom.,
intención en la orac. univ.
LUNES 01 DE ENERO DE 2024.
OCTAVA DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR
SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS
Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en la octava de la Natividad del Se-
ñor y en el día de su Circuncisión. Los Padres del Concilio de Éfeso la aclamaron
como «Theotokos», porque en ella la Palabra se hizo carne, y acampó entre los
hombres el Hijo de Dios, príncipe de la paz, cuyo nombre está por encima de
todo otro nombre (elog. del Martirologio Romano).
- Num 6, 22-27. Invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré.
- Sal 66. R. Que Dios tenga piedad y nos bendiga.
- Gal 4, 4-7. Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer.
- Lc 2, 16-21. Encontraron a María y a José y al niño. Y a los ocho días, le
pusieron por nombre Jesús.
Buscar la paz al amparo de la bendición de Dios es el deseo de
la bendición que leemos en la primera lectura. Una bendición
que busca el rostro luminoso del Dios bondadoso que ilumina
nuestra existencia. Respondemos a esta bendición con el Salmo
haciendo así nuestra la petición de que todos conozcan la bon-
dad de Dios. San Pablo nos habla del envío de parte de Dios de
su Hijo, nacido de una mujer, para que pudiéramos llamar a Dios
«Padre». El Evangelio nos presenta la escena de Jesús acostado
en el pesebre, el Hijo de Dios, el «príncipe de la paz». La ma-
ternidad virginal de María, madre de Jesús y madre de la Iglesia,
«conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón».
JORNADA POR LA PAZ (mundial y pontificia): Liturgia del día, alu-
sión en la mon. de entrada y en la hom., intención en la orac. univ.
- Is 52, 7-10. Verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios. - Sal 97. R. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios. - Heb 1, 1-6. Dios nos ha hablado por el Hijo. - Jn 1, 1-18. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.
Este gran himno inspirado que nos presenta el Evangelio nos habla del verdadero origen de Jesús. Él es la manifestación del reinado de Dios que llega a los confines de la tierra. Es el «Verbo», la palabra de Dios que actúa, que salva. De él proviene todo y por eso él es la verdadera tienda del encuentro que acampó entre nosotros, es el templo de Dios en nuestro mundo. Y podemos entrar en este templo para conocernos mejor. Somos hijos a través del Hijo que se ha hecho uno de nosotros, de nuestra carne. Jesús es así nuestro hermano mayor que está desde siempre junto al Padre y nos tiene junto a él en su designio de amor.
- 2 Sam 7, 1-5. 8b-12. 14a. 16. El reino de David se mantendrá siempre firme ante el Señor. - Sal 88. R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor. - Rom 16, 25-27. El misterio mantenido en secreto durante siglos eternos ha sido manifestado ahora. - Lc 1, 26-38. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.
Es Dios quien toma la iniciativa, y a esto respondemos cantando con el Salmo su misericordia eterna. El nacimiento de Jesús es el fruto de un encuentro único de Dios con nuestra humanidad a tra- vés de María. A Jesús solo Dios nos lo podía dar. Y así Dios se hace hombre en la humanidad más pobre para intervenir como crea- dor, de modo que María pueda concebir un hijo sin haber conoci- do a ningún hombre. En María hay un vacío puro y generoso que Dios puede llenar con su presencia, de manera que la Palabra de Dios se pueda hacer carne. Por eso María es tan importante para nosotros, pues a ella podemos mirar y en ella nos podemos mirar.
- Is 61, 1-2a. 10-11. Desbordo de gozo en el Señor. - Salmo: Lc 1, 46-50. 53-54. R. Me alegro con mi Dios. - 1 Tes 5, 16-24. Que vuestro espíritu, alma y cuerpo se mantenga hasta la venida del Señor. - Jn 1, 6-8. 19-28. En medio de vosotros hay uno que no conocéis.
Escuchamos la voz de un profeta que anuncia la buena noticia
de la salvación. Y escuchamos también la voz de su pueblo que
entona una acción de gracias por este anuncio. Es un pueblo
pobre y necesitado, pero en medio de su pobreza sabe ver los
signos de la salvación de Dios, y por eso se alegra. Y nosotros
también lo hacemos con el Salmo responsorial. San Pablo nos da
la clave de esta alegría: oración y agradecimiento para saber discernir y así mantenernos alejados de todo mal. Juan el Bautista
es como el profeta Isaías de la primera lectura, pobre y humilde,
para anunciar la salvación que viene de Dios a través de Jesús.
- Is 40, 1-5. 9-11. Preparadle un camino al Señor.
- Sal 84. R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
- 2 Pe 3, 8-14. Esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva.
- Mc 1, 1-8. Enderezad los senderos del Señor.
El desierto de la primera lectura y del Evangelio no es un desierto
de arena. Es el desierto en el que se encuentra la gente, son los
desiertos interiores que provocaban una situación de desierto exterior. Era el desierto de la pérdida de la fe de tantos que se preguntaban dónde estaba el Dios que otras veces se había manifestado. Era el desierto de la idolatría, pues cuando se dejaba de
creer en Dios se comenzaba a poner la confianza en cualquier
cosa. En este desierto el profeta Isaías y Juan el Bautista abren un
camino de parte de Dios y anuncian el consuelo y la salvación.
La segunda lectura nos invita a vivir esta salvación que nos ha
llegado con Jesucristo, esta sabiduría celestial, trabajando por la
justicia y siendo intachables e irreprochables.
Primer domingo del Adviento de nuestro Señor Jesucristo; en este tiempo se recuerda la primera venida del Hijo de Dios a los hombres y se espera, a la vez, su segunda venida al final de los tiempos (elog. del Martirologio Romano).
- Is 63, 16c-17. 19c; 64, 2b-7. ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!
- Sal 79. R. Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
- 1 Cor 1, 3-9. Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
- Mc 13, 33-37. Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa.
¡El Señor viene! En realidad, desde la vivencia de la fe y de la confianza en Él, bien podemos afirmar que el Señor está siempre viniendo, está en medio de nosotros, caminando a nuestro lado por las sendas de la historia que nos toca transitar, y en estos tiempos tan complicadas y azarosas.
El Adviento nos ayuda a caer en la cuenta de esta verdad. Y nos predispone para intensificar nuestros encuentros personales con el Señor Jesucristo en la oración más intensa y en la más atenta escucha de su Palabra y de su paso entre nosotros. Siempre nos acecha el peligro de la distracción, sea por las razonables preocupaciones de la vida, sea por los reclamos seductores del consumo, sea por circunstancias personales de difícil manejo… Este tiempo particularmente santo, ante sala de la gran celebración de la Natividad del Señor, es una fuerte llamada a estar alerta. Porque el Señor viene, quiere venir a mi vida, a ofrecerme un plan, a encender mi esperanza, a despertar todas mis capacidades para el bien y el amor.
Él viene a sacarme de la plácida rutina, de la inconsciencia del compromiso débil, del melancólico paso del tiempo que me hace ser espectador indiferente de las grandes luchas y sueños de la humanidad.
Él viene sobre todo a recordarme la más importante de las citas: el encuentro definitivo con Él, ese que fijará mi destino eterno a su lado, y que ahora me exige vivir en vela y sin distracciones estériles, construyendo con su fuerza, y por su mismo Espíritu, ese futuro que desembocará en la Vida-sin-fin.
DOMINGO DE LA SOLEMNIDAD NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
- Ez 34, 11-12. 15-17. A vosotros, mi rebaño, yo voy a juzgar entre oveja y oveja.
- Sal 22. R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
- 1 Cor 15, 20-26. 28. Entregará el reino a Dios Padre, y así Dios será todo en todos.
- Mt 25, 31-46. Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros.
Jesucristo es Rey. Y el suyo es un «reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz» (Pf). Un reino que va creciendo hasta que sean aniquilados sus enemigos, el pecado y la muerte (2 Lect). Cristo es Rey y Pastor que quiere que todas sus ovejas se salven (1 Lect). «El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar» (Sal resp). Y Cristo vendrá al fin de los tiempos y separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras y, entonces, al atardecer de nuestras vidas seremos examinados sobre el amor (Ev).
- Prov 31, 10-13. 19-20. 30-31. Trabaja con la destreza de sus manos.
- Sal 127. R. Dichosos los que temen al Señor.
- 1 Tes 5, 1-6. Que el Día del Señor no os sorprenda como un ladrón.
- Mt 25, 14-30. Como has sido fiel en lo poco, entra en el gozo de tu señor.
Cada persona ha recibido unos dones para servir a Dios y al prójimo. Y del uso que hagamos de ello nos pedirá cuentas el Señor cuando vuelva, como ladrón en la noche, por lo que de- bemos estar vigilantes (2 Lect) Cada uno debe poner en juego lo que es y lo que tiene, aunque perciba que pueda ser poco. No podemos enterrar el talento bajo tierra, dejándonos llevar por la holgazanería (Ev). La mujer hacendosa de la primera lectura es un ejemplo, que pone su esfuerzo y trabajo al servicio de su fa- milia y de los necesitados. Pidamos al Señor que por la eucaristía le sirvamos con amor y consigamos los gozos eternos (So).
JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES (pontificia). Liturgia del día, alusión en la mon. de entrada y en la hom., intención en la oración universal.
Con motivo de la celebración, el domingo 19 de noviembre, de la VII Jornada Mundial de los Pobres, la Conferencia Episcopal Española (CEE) y Cáritas suman de nuevo sus esfuerzos para movilizar a las comunidades cristianas y a toda la sociedad en los objetivos de esta cita anual convocada por el papa Francisco.
La idea de impulsar esta Jornada surgió el 13 de noviembre de 2016, durante el cierre del Año de la Misericordia y cuando en la Basílica de San Pedro el Santo Padre celebraba el Jubileo dedicado a las personas marginadas. Al finalizar la homilía, y de manera espontánea, Francisco expresó un deseo: «quisiera que hoy fuera la Jornada de los Pobres».
El Papa exhorta a no apartar la mirada de las nuevas formas de pobreza, como las poblaciones que viven en zonas de guerra
En esta séptima edición, bajo el lema “No apartes tu rostro del pobre”, Francisco exhorta a no apartar la mirada de los que están en dificultad, como las personas que viven en zonas de guerra, los que no llegan a fin de mes, los que son explotados en el trabajo y los jóvenes prisioneros de una cultura que les hace sentirse fracasados. “Todos son nuestros prójimos, necesitamos un compromiso político y legislativo serio y eficaz”, asegura el Santo Padre.
“Los pobres -escribe Francisco- se vuelven imágenes que pueden conmover por algunos instantes, pero cuando se encuentran en carne y hueso por la calle, entonces intervienen el fastidio y la marginación”. Sin embargo, la parábola del buen samaritano, subraya, interpela el presente. “Delegar en otros es fácil; ofrecer dinero para que otros hagan caridad es un gesto generoso; la vocación de todo cristiano es implicarse en primera persona”, recuerda el Pontífice.
Francisco llama la atención sobre las “nuevas formas de pobreza”. De modo particular, subraya, “las poblaciones que viven en zonas de guerra, especialmente en los niños privados de un presente sereno y de un futuro digno”. “Nadie podrá acostumbrarse jamás a esta situación; mantengamos vivo cada intento para que la paz se afirme como don del Señor Resucitado y fruto del compromiso por la justicia y el diálogo”, apunta.
El Papa también se refiere las muchísimas familias que se vuelven aún más indigentes debido a las especulaciones que provocan el aumento de los costes de vida. “Los salarios -añade- se acaban rápidamente, obligando a privaciones que atentan contra la dignidad de las personas. Si en una familia se debe elegir entre la comida para subsistir y las medicinas para recuperar la salud, entonces debe hacerse escuchar la voz del que reclama el derecho de ambos bienes, en nombre de la dignidad de la persona humana”.
La precariedad laboral, los trabajadores pobres, las víctimas de accidentes laborales son también para Francisco serias llamadas de atención sobre el “desorden ético” que marca el mundo del trabajo. En medio de estas dramáticas situaciones de pobreza, el Papa destaca especialmente una: la que afecta a los jóvenes, que viven “engañados por una cultura que los lleva a sentirse “incompletos” y “fracasados”.
Frente a esta realidad, el Papa confía en el desarrollo de «la solidaridad y la subsidiariedad de tantos ciudadanos que creen en el valor del compromiso voluntario de entrega a los pobres. A la par exhorta a “estimular y a hacer presión para que las instituciones públicas cumplan bien su deber”. En un claro llamamiento al compromiso de todos, el Santo Padre pide no quedarse de brazos cruzados, esperando recibir algo «de lo alto». «Quienes viven en condiciones de pobreza también han de ser implicados y acompañados en un proceso de cambio y responsabilidad», escribe Bergoglio.
Como gesto de fraternidad, el Papa exhorta a compartir con las personas en situación de exclusión la mesa de nuestras casas, al tiempo que agradece la constante atención y dedicación que prestan diariamente muchos «vecinos de casa» que no son «superhombres», sino personas capaces de escuchar, dialogar y aconsejar. «La gratitud hacia tantos voluntarios pide hacerse oración para que su testimonio pueda ser fecundo», afirma Francisco.
Con objeto de animar la celebración de esta Jornada, la CEE y Cáritas han preparado diversos materiales para su utilización por parte de todas las diócesis, parroquias, comunidades, movimientos, asociaciones e instituciones de la Iglesia.
Esta convocatoria es una nueva oportunidad para reflexionar sobre cómo dar una respuesta adecuada que lleve alivio y paz a tantas personas, dejadas a merced de la incertidumbre y la precariedad. Con ese objetivo, los promotores de la Jornada proponen “contemplar y orar por las personas que están viviendo estas situaciones, y acercar la realidad de otros lugares del mundo, de nuestro barrio o localidad, para pedir en oración no mirar hacia otro lado sino aprender a mirar con ternura y compasión a los que están alrededor”.
Materiales para la difusión de la jornada
Con el fin de ayudar a vivir esta Jornada en las comunidades cristianas y, en toda la sociedad, se ofrecen los siguientes materiales:
- Sab 6, 12-16. Quienes buscan la sabiduría la encuentran.
- Sal 62. R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
- 1 Tes 4, 13-18. Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.
- Mt 25, 1-13.¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!
Estamos terminando las semanas año litúrgico y las lecturas nos van orientando hacia el final de la historia del mundo y la vuelta gloriosa del resucitado. El libro de la Sabiduría nos invita a buscar, encontrar y a poseer la auténtica sabiduría (1 Lect). Hoy, con la parábola de las doncellas, se nos invita a prepararnos para entrar en el banquete eterno. Jesús nos dice: «velad, porque no sabéis el día ni la hora» (Ev). Pablo presenta una catequesis sobre la suerte de los difuntos y los acontecimientos del fin del mundo (2 Lect).
- Mal 1, 14b — 2, 2b. 8-10. Os habéis separado del camino recto y habéis hecho que muchos tropiecen en la ley. - Sal 130. R. Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor. - 1 Tes 2, 7b-9. 13. Deseábamos entregaros no solo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas. - Mt 23, 1-12. Ellos dicen, pero no hacen.
El profeta Malaquías critica duramente a los escribas y fariseos, a las clases dirigentes de su tiempo por su hipocresía y el modo interesado de realizar su ministerio. El profeta, en el siglo V a. C., lanza un duro ataque a los sacerdotes de su época, por lo mal que realizan el culto y el mal ejemplo que dan en su vida. Buscan su propia gloria en vez de la de Dios (1 Lect). Jesús reprocha a los escribas y fariseos su afán de ostentación y de no cumplir lo que enseñan (Ev). Pablo refleja en la segunda lectura el aprecio que tiene por la comunidad de Tesalónica y les recuerda que no les ha transmitido palabras de hombre sino la Palabra de Dios (2 Lect).
Solemnidad de Todos los Santos, que están con Cristo en la gloria. En el gozo único de esta festividad, la Iglesia Santa, todavía peregrina en la tierra, celebra la memoria de aquellos cuya compañía alegra los cielos, recibiendo así el estímulo de su ejemplo, la dicha de su patrocinio y, un día, la corona del triunfo en la visión eterna de la divina Majestad (elog. del Martirologio Romano).
- Ap 7, 2-4. 9-14. Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas.
- Sal 23. R. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.
- 1 Jn 3, 1-3. Veremos a Dios tal cual es.
- Mt 5, 1-12a. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
Hoy miramos hacia el cielo, la vida del mundo futuro que profe- samos en el Credo. Y contemplamos a Dios, con la Virgen María y todos los santos que nos han precedido en el camino de la fe. Ellos interceden por nosotros (Co y So) y eternamente alaban a Dios en la Jerusalén celeste. Hacia ella caminamos guiados por la fe y gozosos por la gloria de los mejores hijos de la Iglesia en quienes encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad (Pf). La eucaristía es anticipo de esa gloria celestial: «pasemos de esta mesa de los que peregrinamos, al banquete de la patria celestial» (De).
JUEVES 2 DE NOVIEMBRE.
CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS
Conmemoración de todos los fieles difuntos. La santa Madre Iglesia, después de su solicitud para celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe solo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha de pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna (elog. del Martirologio Romano).
- Ex 22, 20-26. Si explotáis a viudas y a huérfanos, se encenderá mi ira
contra vosotros.
- Sal 17. R. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
- 1 Tes 1, 5c-10. Os convertisteis, abandonando los ídolos, para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo.
- Mt 22, 34-40. Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.
«Para que merezcamos conseguir lo que prometes, concédenos
amar tus preceptos» (Co). Y sus preceptos son los mandamientos
de la ley de Dios que Jesús nos enseña. Y se resumen en «Amarás
al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda
tu mente» —el principal y primero— y «Amarás a tu prójimo
como a ti mismo». Y como modelo de ese amor, Cristo mismo
que nos ha amado hasta dar su vida por nosotros. Y nosotros
debemos amarnos unos a otros, como él nos ha amado. La eucaristía, en la que Cristo sigue entregándose por nosotros, es la
fuente donde bebemos el amor de Dios.
- Mt 22, 15-21. Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Gracias a Ciro (un pagano) los israelitas pudieron volver a su tierra después de la cautividad de Babilonia (1 Lect). Dios va rea- lizando sus planes de salvación incluso por medio de personas que no lo conocen o creen en él. Por este motivo los cristianos rezamos por las autoridades y debemos cooperar en todo lo que sea bueno y justo, aunque a veces no sean creyentes. En esa línea Jesús nos dice en el Evangelio que demos al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Elegidos por Dios y mo- vidos por el Espíritu Santo, hemos creído en el Evangelio. Demos gracias a Dios por ello (2 Lect).
- Is 25, 6-10a. Preparará el Señor un festín, y enjugará las lágrimas de
todos los rostros.
- Sal 22. R. Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
- Flp 4, 12-14. 19-20. Todo lo puedo en aquel que me conforta.
- Mt 22, 1-14. A todos los que encontréis, llamadlos a la boda.
La liturgia de hoy nos eleva a contemplar nuestro futuro definitivo, la alegría eterna del cielo. Y utiliza para ello el símbolo
del banquete festivo preparado por el Señor que enjugará las
lágrimas de todos los rostros (1 Lect). Y el Evangelio presenta la
parábola del banquete de bodas al que todos estamos convida-
dos. Nos tenemos que preguntar si nosotros somos de los que,
con nuestro modo de vivir, estamos rechazando esa invitación.
Todavía estamos a tiempo de cambiar y de revestirnos de la gracia de Dios para poder participar en la eucaristía que, celebrada
con amor, nos lleva a la gloria del cielo (So), la casa del Señor,
donde habitaremos por años sin término (Sal resp).