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jueves, 24 de febrero de 2022

LLAMAMIENTO DEL PAPA FRANCISCO POR LA PAZ EN UCRANIA. MIÉRCOLES 02 DE MARZO DE 2022

ORACIÓN POR LA PAZ EN UCRANIA

Dios, Todopoderoso, querido Padre de todos:
Unidos como hermanos, te pedimos hoy por la paz en Ucrania,
que sufre ya la barbarie de la guerra.
Da luz a los que tienen el poder de frenar tanta violencia,
por encima de sus intereses partidistas.
Ten piedad de los más indefensos, de tantas vidas humanas inocentes.
Que los más vulnerables sientan Tu abrazo a través de los sacerdotes, religiosas y laicos que forman la Iglesia en Ucrania.
A estos, dales la fuerza y la gracia para ser consuelo y esperanza en estos momentos de tanta sinrazón y sufrimiento.
María, Madre de Dios y Madre nuestra, Reina de la paz, intercede por Ucrania, por Europa y por el mundo entero.

Amén.


LLAMAMIENTO A LA PAZ DEL PAPA FRANCISCO

Tengo un gran dolor en el corazón por el empeoramiento de la situación en Ucrania. A pesar de los esfuerzos diplomáticos de las últimas semanas se están abriendo escenarios cada vez más alarmantes. Al igual que yo, mucha gente en todo el mundo está sintiendo angustia y preocupación. Una vez más la paz de todos está amenazada por los intereses de las partes. Quisiera hacer un llamamiento a quienes tienen responsabilidades políticas, para que hagan un serio examen de conciencia delante de Dios, que es Dios de la paz y no de la guerra; que es Padre de todos, no solo de algunos, que nos quiere hermanos y no enemigos. Pido a todas las partes implicadas que se abstengan de toda acción que provoque aún más sufrimiento a las poblaciones, desestabilizando la convivencia entre las naciones y desacreditando el derecho internacional.

Y quisiera hacer un llamamiento a todos, creyentes y no creyentes. Jesús nos ha enseñado que a la insensatez diabólica de la violencia se responde con las armas de Dios, con la oración y el ayuno. Invito a todos a hacer del próximo 2 de marzo, Miércoles de Ceniza, una Jornada de ayuno por la paz. Animo de forma especial a los creyentes para que en ese día se dediquen intensamente a la oración y al ayuno. Que la Reina de la paz preserve al mundo de la locura de la guerra.

Papa Francisco

lunes, 15 de febrero de 2021

CUARESMA 2021: CALENDARIO Y MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO


 «En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación», reconoce el Papa Francisco en su mensaje de Cuaresma, hecho público este viernes. Es posible, sin embargo, experimentarla en la oración y a partir de la experiencia del perdón recibido de Dios y ofrecido a los demás. Invita además a vivir la caridad cuidando a «a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia» y a vivir la experiencia de privación del ayuno con «sencillez de corazón» para «descubrir de nuevo el don de Dios y comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento»


«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…» (Mt 20,18).

Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad.

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección, para cumplir con la voluntad del Padre, les revela el sentido profundo de su misión y los exhorta a asociarse a ella, para la salvación del mundo.

Recorriendo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las celebraciones pascuales, recordemos a Aquel que «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,8). En este tiempo de conversión renovemosnuestra fe, saciemos nuestra sed con el agua viva de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Diosque nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, para renacer como hombres y mujeres nuevos, gracias a la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.

En este tiempo de Cuaresma, acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación. Esta Verdad no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Esta Verdad es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino —exigente pero abierto a todos— que lleva a la plenitud de la Vida.

El ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y acumula la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo en cuanto, como nos enseña santo Tomás de Aquino, el amor es un movimiento que centra la atención en el otro considerándolo como uno consigo mismo (cf. Carta encíclica Fratelli tutti, 93).

La Cuaresma es un tiempo para creer, es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle poner su morada en nosotros (cf. Jn 14,23). Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador.

La esperanza como agua viva que nos permite continuar nuestro camino

La samaritana, a quien Jesús pide que le dé de beber junto al pozo, no comprende cuando Él le dice que podría ofrecerle un «agua viva» (Jn 4,10). Al principio, naturalmente, ella piensa en el agua material, mientras que Jesús se refiere al Espíritu Santo, aquel que Él dará en abundancia en el Misterio pascual y que infunde en nosotros la esperanza que no defrauda. Al anunciar su pasión y muerte Jesús ya anuncia la esperanza, cuando dice: «Y al tercer día resucitará» (Mt20,19). Jesús nos habla del futuro que la misericordia del Padre ha abierto de par en par. Esperar con Él y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor. Significa saciarnos del perdón del Padre en su Corazón abierto.

En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación. El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos (cf. Carta encíclica Laudato si’, 32-33;43-44). Es esperanza en la reconciliación, a la que san Pablo nos exhorta con pasión: «Os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). Al recibir el perdón, en el Sacramento que está en el corazón de nuestro proceso de conversión, también nosotros nos convertimos en difusores del perdón: al haberlo acogido nosotros, podemos ofrecerlo, siendo capaces de vivir un diálogo atento y adoptando un comportamiento que conforte a quien se encuentra herido. El perdón de Dios, también mediante nuestras palabras y gestos, permite vivir una Pascua de fraternidad.

En la Cuaresma, estemos más atentos a «decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de «palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian» (Carta encíclica Fratelli tutti [FT], 223). A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser «una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia» (ibíd., 224).

En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura.

Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios “hace nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21,1-6). Significa recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios resucita al tercer día, “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza” (cf. 1 P 3,15).

La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.

La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión.

«A partir del “amor social” es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos» (FT, 183).

La caridad es don que da sentido a nuestra vida y gracias a este consideramos a quien se ve privado de lo necesario como un miembro de nuestra familia, amigo, hermano. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 R 17,7-16); y con los panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente (cf. Mc 6,30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez.

Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he redimido» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.

«Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrados en la sociedad» (FT, 187).

Queridos hermanos y hermanas: Cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.

Que María, Madre del Salvador, fiel al pie de la cruz y en el corazón de la Iglesia, nos sostenga con su presencia solícita, y la bendición de Cristo resucitado nos acompañe en el camino hacia la luz pascual.

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2020, memoria de san Martín de Tours

lunes, 8 de febrero de 2021

REFLEXIONEMOS #FratelliTutti2de12


Las entidades diocesanas que forman parte de "Iglesia por el Trabajo Decente" (Cáritas Diocesana Mérida-Badajoz, CONFER,  HOAC, Justicia y Paz, JEC y JOC) nos presentan una nueva frase de la encíclica del papa Francisco #FratelliTutti para reflexionar.

📌 Una parte de la sociedad sacrificada en beneficio de la otra.

#FratelliTutti2de12

REFLEXIONEMOS #FratelliTutti1de12

Las entidades diocesanas que forman parte de "Iglesia por el Trabajo Decente" (Cáritas Diocesana Mérida-Badajoz, CONFER, HOAC, Justicia y Paz, JEC y JOC) nos invitan desde hoy a realizar un recorrido por la encíclica del papa Francisco "Fratelli Tutti". 

Reflexionemos sobre el trabajo, la dignidad del ser humano y la defensa de sus derechos.

#FratelliTutti1de12

viernes, 27 de marzo de 2020

ORACIÓN DEL DÍA 27 DE MARZO CON EL PAPA FRANCISCO






ORACIÓN DEL DÍA 27 DE MARZO CON EL PAPA FRANCISCO
El Santo Padre:
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo
R: Amén
Oremos: Dios omnipotente y misericordioso protege nuestra dolorosa condición conforta a tus hijos y abre nuestro corazón a la esperanza para que sintamos en medio de nosotros tu presencia de Padre.
Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R. Amén
*Evangelio:
35 Aquel día, al atardecer, les dice Jesús: «Vamos a la otra orilla». 36 Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. 37 Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. 38 Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». 39 Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma. 40 Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». 41 Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».
*Meditación del Santo Padre

10 frases importantes para meditar de la Meditación del Papa Francisco

🔹”Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que los Discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta” "En esta barca, estamos todos"

🔸”Jesús, después de calmar las aguas, se dirige a los Discípulos: ¿Por qué tienen miedo? ¿Acaso no tienen fe?”

 🔹”La tempestad desenmascara nuestra debilidad”

🔸”Nos hemos mantenido imperturbables, pensando mantenernos sanos en un mundo enfermo"

🔹”En tiempos de sufrimiento, entendemos el llamado de Jesús "que todos sean uno"

🔸”La oración y el servicio silencioso son nuestras armas"

🔹”Jesús trae serenidad en nuestras tormentas”

🔸”En su cruz hemos sido salvados; tenemos un timón"

🔹”Abrazar su cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades de   nuestro tiempo"


🔸”Abrazar al Señor es abrazar la Esperanza"

*Oración ante la Imagen de la Salus Populi Romani:
Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!, Amén
*Antífona a la Cruz delante del Crucifijo de San Marcello: Se trata del mismo Cristo que en 1522 fue llevado en procesión por los barrios de Roma para terminar con la “Gran Plaga” en la ciudad y ante el que el Santo Padre rezó el pasado 15 de marzo de 2020, después de dirigir también una oración a la Virgen Salus populi Romani, cuyo icono se guarda y se venera en la Basílica de Santa María la Mayor.
Puede ser esta u otra distinta: Te adoramos Oh Cristo y te Bendecimos porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.
*Exposición del Santísimo Sacramento
*Adoración y Canto del Adoro te Devote: Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.
Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.
En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.
No veo las llagas como las vio Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame.
¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura.
Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego, que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria.
Amén.
*SÚPLICA LITÁNICA
Te adoramos, Oh Señor
Verdadero Dios y verdadero hombre, realmente presente en este Santo Sacramento
-Te adoramos, Oh Señor.
Nuestro Salvador, Dios con Nosotros, fiel y rico en Misericordia -Te adoramos, Oh Señor.
Rey y Señor de la Creación y de la Historia
-Te adoramos, Oh Señor.
Vencedor del Pecado y de la muerte
-Te adoramos, Oh Señor.
Amigo del hombre, Resucitado y vivo a la derecha del Padre -Te adoramos, Oh Señor.
Creemos en Ti, Oh Señor
Hijo Unigénito del Padre, descendido del Cielo para nuestra Salvación -Creemos en Ti, Oh Señor
Medico Celeste, que te inclinas sobre nuestra miseria
-Creemos en Ti, Oh Señor

Cordero Inmolado, que te ofreces para rescatarnos del mal -Creemos en Ti, Oh Señor
Buen Pastor, que das la vida por el rebaño que amas -Creemos en Ti, Oh Señor

Pan Vivo y Medicina de la Inmortalidad, que nos das la Vida Eterna -Creemos en Ti, Oh Señor
Libéranos, Oh Señor
Del poder de Satanás y de la Seducción del mundo
- Libéranos, Oh Señor
Del Orgullo y de la presunción del poder prescindir de Ti. - Libéranos, Oh Señor
De los engaños del miedo y de la angustia
- Libéranos, Oh Señor
De la Incredulidad y de la Desesperación
- Libéranos, Oh Señor
De la dureza del corazón y de la incapacidad de amar
- Libéranos, Oh Señor
Sálvanos, Oh Señor
De todos los males que afligen a la humanidad -Sálvanos, Oh Señor
Del hambre, de la carestía y del egoísmo
-Sálvanos, Oh Señor
De la enfermedad, de la epidemia y del miedo al hermano
-Sálvanos, Oh Señor
De locura devastadora, de intereses despiadados y de la violencia -Sálvanos, Oh Señor
Del engaño, de la mala información y de la manipulación de las conciencias. -Sálvanos, Oh Señor
Consuélanos, Oh Señor
Mira a tu Iglesia, que atraviesa el desierto
- Consuélanos, Oh Señor
Mira a la humanidad, aterrorizada por el miedo y la angustia.
- Consuélanos, Oh Señor
Mira a los enfermos y moribundos, oprimidos por la soledad.
-Consuélanos, Oh Señor
Mira a los médicos y a los operarios sanitarios, afectados por la fatiga
- Consuélanos, Oh Señor
Mira a los políticos y administradores, que tienen el peso de las decisiones. - Consuélanos, Oh Señor
Danos tu Espíritu Señor
En la hora de la prueba y la pérdida.
- Danos tu Espíritu Señor
En la Tentación y en la Fragilidad
- Danos tu Espíritu Señor
En el combate contra el malo y el pecado
- Danos tu Espíritu Señor
En la búsqueda del verdadero bien y la verdadera alegría
- Danos tu Espíritu Señor
En la decisión de permanecer en ti y en tu amistad
- Danos tu Espíritu Señor
Ábrenos a la Esperanza
Si el pecado nos oprime
-Ábrenos a la Esperanza
Si el odio cierra nuestros corazones -Ábrenos a la Esperanza
Si el dolor nos visita
-Ábrenos a la Esperanza
Si la indiferencia nos angustia -Ábrenos a la Esperanza
Si la muerte nos aniquila
-Ábrenos a la Esperanza
*El Santo Padre:
Oremos:
Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de Tú pasión; Te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de Tu Cuerpo y de Tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de Tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amen.
El Cardenal Angelo Comastri, Arcipreste de la Basílica de San Pedro, anuncia la Bendición “Urbi et Orbi” (a la ciudad y al mundo), con la aneja indulgencia plenaria mediante la siguiente monición:
El Santo Padre Francisco a todos los que reciben la bendición eucarística también por radio, televisión y otras tecnologías de comunicación, otorga la indulgencia plenaria en la forma establecida por la Iglesia.
*El Santo Padre da la bendición con el Santísimo Sacramento *Letanías del Santísimo Sacramento
Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.

Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre. Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendito sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador.
Bendita sea la Incomparable Madre de Dios la Santísima Virgen María. Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el Nombre de María Virgen y Madre.
Bendito sea San José su casto esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.



MOMENTO EXTRAORDINARIO DE ORACIÓN EN TIEMPOS DE EPIDEMIA
PRESIDIDO POR EL SANTO PADRE FRANCISCO
Atrio de la Baslica dé San Peetro Viernes, 27 de marzo de 2020

https://drive.google.com/file/d/1-uYXEN3HXQhs5r0TWLTnEujpGZrtzOb1/view?usp=sharing





EL PAPA CONCEDE LA INDULGENCIA PLENARIA EN LA ORACIÓN DEL 27 DE MARZO







Hoy, viernes 27 de marzo, la segunda cita tan esperada. A las 18.00 horas (hora central europea) los católicos de todo el mundo están invitados a unirse espiritualmente, a través de los medios de comunicación, al Papa, quien presidirá un momento de oración desde el atrio de la Basílica de San Pedro, con la plaza vacía, como él mismo anunció:

“Escucharemos la Palabra de Dios, elevaremos nuestra súplica, adoraremos el Santísimo Sacramento, con el que al final daré la Bendición Urbi et Orbi, a la que se unirá la posibilidad de recibir la indulgencia plenaria.”

A partir de las 18.00 horas, el momento de oración será transmitido en vivo en todo el mundo por Vatican Media y se podrá seguir en varios idiomas en nuestra Página Web, en nuestra página de Facebook a través de Facebook Live y en nuestro canal de YouTube


jueves, 26 de marzo de 2020

DECRETO DE LA PENITENCIARÍA APOSTÓLICA RELATIVO A LA CONCESIÓN DE INDULGENCIAS ESPECIALES A LOS FIELES EN LA ACTUAL SITUACIÓN DE PANDEMIA


Se concede el don de Indulgencias especiales a los fieles que sufren la enfermedad de Covid-19, comúnmente conocida como Coronavirus, así como a los trabajadores de la salud, a los familiares y a todos aquellos que, en cualquier calidad, los cuidan.

https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2020/03/20/pande.html

“Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración” (Rom 12,12).
Las palabras escritas por san Pablo a la Iglesia de Roma resuenan a lo largo de toda la historia de la Iglesia y orientan el juicio de los fieles ante cada sufrimiento, enfermedad y calamidad.
El momento actual que atraviesa la humanidad entera, amenazada por una enfermedad invisible e insidiosa, que desde hace tiempo ha entrado con prepotencia a formar parte de la vida de todos, está jalonado día tras día por angustiosos temores, nuevas incertidumbres y, sobre todo, por un sufrimiento físico y moral generalizado.
La Iglesia, siguiendo el ejemplo de su Divino Maestro, siempre se ha preocupado de cuidar a los enfermos. Como indicaba San Juan Pablo II, el valor del sufrimiento humano es doble: " Sobrenatural y a la vez humano. Es sobrenatural, porque se arraiga en el misterio divino de la redención del mundo, y es también profundamente humano, porque en él el hombre se encuentra a sí mismo, su propia humanidad, su propia dignidad y su propia misión." (Carta Apostólica Salvifici Doloris, 31).
También el Papa Francisco, en estos últimos días, ha manifestado su cercanía paternal y ha renovado su invitación a rezar incesantemente por los enfermos de Coronavirus.
Para que todos los que sufren a causa del Covid-19, precisamente en el misterio de este padecer, puedan redescubrir "el mismo sufrimiento redentor de Cristo" (ibíd., 30), esta Penitenciaría Apostólica, ex auctoritate Summi Pontificis, confiando en la palabra de Cristo Señor y considerando con espíritu de fe la epidemia actualmente en curso, para vivirla con espíritu de conversión personal, concede el don de las Indulgencias de acuerdo con la siguiente disposición.
Se concede la Indulgencia plenaria a los fieles enfermos de Coronavirus, sujetos a cuarentena por orden de la autoridad sanitaria en los hospitales o en sus propias casas si, con espíritu desprendido de cualquier pecado, se unen espiritualmente a través de los medios de comunicación a la celebración de la Santa Misa, al rezo del Santo Rosario, a la práctica piadosa del Vía Crucis u otras formas de devoción, o si al menos rezan el Credo, el Padrenuestro y una piadosa invocación a la Santísima Virgen María, ofreciendo esta prueba con espíritu de fe en Dios y de caridad hacia los hermanos, con la voluntad de cumplir las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), apenas les sea posible.
Los agentes sanitarios, los familiares y todos aquellos que, siguiendo el ejemplo del Buen Samaritano, exponiéndose al riesgo de contagio, cuidan de los enfermos de Coronavirus según las palabras del divino Redentor: "Nadie tiene mayor amor que éste:
dar la vida por sus amigos" (Jn 15,13), obtendrán el mismo don de la Indulgencia Plenaria en las mismas condiciones.
Esta Penitenciaría Apostólica, además, concede de buen grado, en las mismas condiciones, la Indulgencia Plenaria con ocasión de la actual epidemia mundial, también a aquellos fieles que ofrezcan la visita al Santísimo Sacramento, o la Adoración Eucarística, o la lectura de la Sagrada Escritura durante al menos media hora, o el rezo del Santo Rosario, o el ejercicio piadoso del Vía Crucis, o el rezo de la corona de la Divina Misericordia, para implorar a Dios Todopoderoso el fin de la epidemia, el alivio de los afligidos y la salvación eterna de los que el Señor ha llamado a sí.
La Iglesia reza por los que estén imposibilitado de recibir el sacramento de la Unción de los enfermos y el Viático, encomendando a todos y cada uno de ellos a la Divina Misericordia en virtud de la comunión de los santos y concede a los fieles la Indulgencia plenaria en punto de muerte siempre que estén debidamente dispuestos y hayan rezado durante su vida algunas oraciones (en este caso la Iglesia suple a las tres condiciones habituales requeridas). Para obtener esta indulgencia se recomienda el uso del crucifijo o de la cruz (cf. Enchiridion indulgentiarum, n.12).
Que la Santísima Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, Salud de los Enfermos y Auxilio de los Cristianos, Abogada nuestra, socorra a la humanidad doliente, ahuyentando de nosotros el mal de esta pandemia y obteniendo todo bien necesario para nuestra salvación y santificación.
El presente decreto es válido independientemente de cualquier disposición en contrario.

Dado en Roma, desde la sede de la Penitenciaría Apostólica, el 19 de marzo de 2020.
Mauro. Card. Piacenza Penitenciario Mayor
Krzysztof Nykiel Regente

viernes, 4 de mayo de 2018

PAPA: SÓLO CON AMOR Y SERVICIO LA IGLESIA VA ADELANTE

En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el último jueves de abril, el Santo Padre Francisco recordó que en la Última Cena Jesús, con la Eucaristía, nos enseña el amor; con el lavatorio de los pies nos enseña el servicio; y nos dice que un siervo jamás es más grande de aquel que lo envía, es decir de su patrón

Ciudad del Vaticano


Estas tres cosas son el fundamento de la Iglesia. Con estas palabras el Papa Francisco comentó esta mañana en su homilía el Evangelio del día, en el que Juan refiere las palabras del Señor tras haber lavado los pies a los discípulos.
“Como los discípulos aquella noche dejémonos mirar por el Señor ”
El Pontífice explicó que en la Última Cena Jesús se despide de sus discípulos con un razonamiento amplio y bello, tal como relata Juan, diciendo que “hace dos gestos que son instituciones”. Dos gestos para los discípulos y para la Iglesia que vendrá,  “que son el fundamento, por decirlo de alguna manera, de su doctrina”. El Señor “da de comer su cuerpo y de beber su sangre”, o sea que instituye la Eucaristía, y procede al lavatorio de los pies. “De estos gestos nacen los dos mandamientos – prosiguió explicando Francisco – que harán que la Iglesia crezca si nosotros somos fieles”.
El primero es el mandamiento del amor: ya no sólo “amar al prójimo como a ti mismo”, sino un paso más: “Amar al prójimo como yo os he amado”.
El amor sin límites. Sin esto la Iglesia no va adelante. La Iglesia no respira ”
“Sin el amor, no crece, se transforma en una institución vacía, de apariencias, de gestos sin fecundidad. Ir a su cuerpo: Jesús nos dice cómo debemos amar, hasta el final”.
Ámense como yo los he amado. Y después el segundo nuevo mandamiento – aclaró el Santo Padre –  que nace del lavatorio de los pies es: “Servir unos a otros”. Lávense los pies unos a otros, como yo les he lavado los pies a ustedes. Dos mandamientos nuevos y una advertencia: “Ustedes pueden servir, pero enviados por mí, mandados por mí. Ustedes no son más grandes que yo”. Jesús aclara en efecto que “un siervo no es más grande que su  patrón, ni que un enviado es más grande que quien lo ha mandado”. Esta es la humildad sencilla y verdadera, y no “la falsa humildad”.
“Saber que Él es más grande que todos nosotros, y que nosotros somos siervos, y no podemos superar a Jesús, no podemos usar a Jesús. Él es el Señor, no nosotros. Éste es el testamento del Señor. Se da de comer y beber a sí mismo y nos dice: ámense así. Lava los pies, y nos dice: sírvanse así, pero estén atentos, un siervo jamás es más grande de quien lo envía, del patrón. Son palabras y gestos contundentes: es el fundamento de la Iglesia. Si nosotros vamos adelante con estas tres cosas, no nos equivocaremos jamás”.
Los mártires y los  tantos santos – prosiguió diciendo el Obispo de Roma –  fueron adelante así: “Con la conciencia de ser siervos”. Y después Jesús añade una advertencia: “Yo conozco a los que he elegido” y dice: “Y sé que uno de ustedes me traicionará”. Por esta razón el Papa concluyó aconsejando a todos, en un momento de silencio, que nos dejemos mirar por el Señor:
“Es dejar que la mirada de Jesús entre en mí. Sentiremos tantas cosas: sentiremos amor, quizás no sintamos nada… o estaremos bloqueados allí, sentiremos vergüenza. Pero dejar siempre que la mirada de Jesús llegue. La misma mirada con la que miraba en la cena, aquella noche, a los suyos. Señor tú conoces, tú sabes todo”.
Como Pedro en Tiberíades: “Tú conoces, tú sabes todo. Tú sabes que te amo, sabes lo que hay dentro de mi corazón”. Amor hasta el final – concluyó diciendo el Papa – y servicio, a la vez que añadió: “Y usemos una palabra un poco militar, pero que nos sirve: subordinación, es decir, Él es el más grande, yo soy el siervo, nadie puede superarlo”.

viernes, 2 de febrero de 2018

¿QUÉ NOS HA DEJADO EL ÚLTIMO VIAJE APOSTÓLICO DE FRANCISCO A CHILE Y PERÚ? por Mateo González Alonso


Los pesimistas

Ciertamente los medios y sectores críticos, que ya habían sacado sus propias conclusiones sobre esta visita del papa Francisco a Chile y a Perú antes de que comenzase, han confirmado sus propias sospechas. Han visto que los lugares seleccionados para las grandes concentraciones se quedaban vacíos, que el pontífice no ha sido lo suficiente explícito sobre los problemas de la iglesia local o que se ha rodeado de las algunas personas que, cuanto menos, son cuestionables.
Ahora bien, Francisco no evitó pronunciarse sobre los abusos de pederastias incluso reuniéndose con las víctimas, ha hablado claro –podemos decir que incluso dando nombres y apellidos– sobre el obispo Juan Barros, no ha evitado hablan claro ante los diferentes pueblos indígenas y no ha dudado en mostrar su simpatía por determinados ejemplos de creyentes

Los optimistas

Las visitas papales, por mucho que Francisco agradezca la calurosa y colorida acogida que los pueblos de Latinoamérica, siempre le dispensan van cargadas de contenido. Tras las banderas y las coreografías, el pontífice ha aterrizado en estas tierras muchas de las consignas pastorales de su pontificado. Con dar un repaso al completo seguimiento que Vida Nueva ha ofrecido de la visita a estos dos países, nos damos cuenta de ello.
El Papa ha repudiado el feminicidio en una celebración mariana, ha pedido enseñar a pensar de manera integradora a la universidad católicaa los consagrados que se ensucien las manos; a las contemplativasque no teman ser descaradas en lo que a oración se refiere; a los obispos que sean más callejeros; a los políticos que frenen la decadencia a la que llevan a las sociedad a las que deben servir; a los jóvenes les ha pedido que no maquillen ni ‘photoshopeen’ el corazón y que desbloqueen la contraseña que cambiará el corazón y que les separa de los demás… Todo esto, dejando bodas de altos vuelos a parte.
Los titulares son muchos, pero detrás de ellos han tareas concretas para la Iglesia de hoy.

Los indiferentes

Ademas de los reaccionarios y los entusiastas, quien siente inquietudes por los problemas sociales que viven tanto Chile como Perú, pueden haber encontrado en Francisco algo más que el aliento de un jefe de estado que viene con la mente puesta en las oportunidades comerciales del futuro, a corto o medio plazo.
La cercanía ante los pueblos indígenas encontrará su continuidad efectiva en un revolucionario Sínodo Panamericano en 2019, las inquietudes de los jóvenes están llamadas a resonar a partir de octubre en al aula del sínodo en el Vaticano, el desencanto ante una Iglesia que se ha alejado de los problemas de los más débiles encuentra ahora el impulso de Evangelii Gaudium
Hace falta, de vez en cuando, un viaje por América para recordarnos, como dijo Francisco en Iquique (Chile) que “cada uno de nosotros puede ser parte del milagro para otros”.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

«NO TE DES POR VENCIDO, EL PRIMER ENEMIGO AL CUAL DERROTAR NO ESTÁ FUERA DE TI, SINO DENTRO». EL PAPA EN LA CATEQUESIS

(RV).- Educar a la esperanza fue el tema de la catequesis del Papa Francisco del miércoles 20 de septiembre; una enseñanza que el Santo Padre quiso ofrecer a todo aquel que quiera aprender, hablando a cada uno en primera persona: “Piensa - invitó en primer lugar- allí, donde Dios ha sembrado, espera. No pienses que la lucha que conduces aquí en la tierra es del todo inútil, porque en nosotros late una semilla de absoluto. Dios no desilusiona, y si ha puesto una esperanza en nuestro corazón no la quiere truncar con frustraciones continuas”. “Todo nace para florecer en una eterna primavera”, y “también Dios nos hizo para florecer”. Con estas palabras inició su reflexión impartida en italiano, recordando tiernamente el diálogo entre el roble y el almendro: “Recuerdo ese diálogo – dijo - , cuando el roble pidió al almendro, háblame de Dios y,... ¡el almendro floreció!”. 
Dios nos hizo para florecer
« ¡Donde Dios te ha plantado, espera! No cedas al desánimo –  inició diciendo en español-. Recuerda que el enemigo que tienes que derrotar está dentro de ti. Cree firmemente que este mundo es un milagro de Dios, que él nos da la gracia de realizar nuevos prodigios, porque la fe y la esperanza caminan juntas. Confía en Dios Creador, que llevará su creación a cumplimiento definitivo, en el Espíritu Santo que guía todo hacia el bien, en Cristo que nos espera al final de nuestra existencia».
No permanezcas caído, añadió en la catequesis en italiano: ¡álzate! Si estás sentado, ponte en camino, si el aburrimiento te paraliza, échalo con obras de bien. Si te sientes vacío y desmoralizado, pide al Espíritu Santo que pueda de nuevo llenar tu vacío. Obra la paz en medio de los hombres, y no escuches la voz de quien derrama odio y divisiones. Ama y respeta el camino de cada persona, porque cada uno tiene la propia historia que contar. Sueña, reiteró el Papa, “no tengas miedo de soñar”. Sueña un mundo que aún no se ve, pero que ciertamente llegará. Y sé responsable de este mundo y de la vida de cada hombre, porque cada injusticia hacia un pobre es una herida abierta que disminuye tu propia dignidad. La vida no cesa con tu existencia, y en este mundo vendrán otras generaciones que sucederán a la tuya, y muchas otras aún. 
Levántate, camina, confía, sueña
«¡No! Nunca pienses nunca que has luchado en vano, que al final de la vida nos espera el naufragio. Dios no nos engaña, llevará a plenitud como una eterna primavera, la esperanza que ha puesto en nuestro corazón. No te quedes paralizado, levántate, camina, confía: sueña. Sé constructor de paz y no de odio o división. Ama a tu prójimo, respeta el camino de cada uno, sé compasivo y justo. Sueña con un mundo nuevo. Pide a Dios la gracia de ser valiente. Recuerda que Jesús venció por nosotros al miedo, el enemigo más grande contra nuestra fe. Reconoce que por el Bautismo tu vida pertenece a Cristo y él vive en ti, y a través tuyo, con su mansedumbre, quiere someter a los enemigos del hombre: el pecado, el odio, el crimen, la violencia».
Tú perteneces a Jesús
A tener “el coraje de la verdad”, nos alentó también Francisco, recordándonos que no somos superiores a nadie, y es por eso que nos pidió “como hermanos de todos los hombres”, “llevar en el corazón los sufrimientos de cada criatura”. “Eres cristiano”, nos recordó el Papa,  y en la oración todo lo entregamos a Dios.
«Recuerda que no eres superior a nadie y que, como cristiano, eres hermano de todos los hombres. Cultiva ideales y sé fiel a ellos. Y si te equivocas, no dudes en levantarte siempre, pues no somos infalibles, y el Hijo de Dios ha venido para rescatarnos a todos».
Nunca caigas en la desesperación
“No estés encarcelado en tus errores, ellos no deben ser una prisión”, nos consoló Francisco, y reafirmó que “Dios ha venido para los enfermos no para los sanos”, por lo que “vino también para ti”. Y “si te golpea la amargura” –añadió – “cree en las personas que trabajan por el bien: en su humildad está la semilla de un mundo nuevo. Y frecuenta las personas que han custodiado el corazón como el de un niño: aprende de la maravilla, cultiva el estupor: «Vive, ama, cree, sueña. Dios es tu amigo, y con su gracia, nunca caigas en la desesperación», concluyó.
(Griselda Mutual - Radio Vaticano)